Durante años he hablado del cuerpo, de la mente, del corazón, de la energía, de la intuición. Todos forman parte de nosotros y todos necesitan atención.
Pero siento que hay algo todavía más profundo.
El alma.
No somos únicamente un cuerpo que envejece, una mente que piensa o un corazón que siente. Somos un alma viviendo una experiencia humana.
Y quizá una de las grandes dificultades de nuestra vida sea precisamente olvidar esto.
Nos identificamos con nuestro nombre, nuestra historia, nuestro trabajo, nuestras heridas, nuestras relaciones, aquello que hemos conseguido y aquello que hemos perdido. Nos miramos al espejo y pensamos que somos ese rostro. Escuchamos nuestros pensamientos y creemos que somos nuestra mente. Sentimos miedo, tristeza o alegría y creemos que somos esa emoción.
Pero detrás de todo ello sigue estando el alma.
Silenciosa.
Observando.
Esperando que volvamos a reconocerla.
¿Qué significa sentir el alma?
No creo que el alma necesite grandes fenómenos para manifestarse.
A veces esperamos una señal espectacular, una visión, una voz, una experiencia que nos demuestre que existe algo más. Sin embargo, quizá el alma habla de una manera mucho más sencilla.
Puede aparecer en una certeza que no sabes explicar. En una emoción profunda que surge ante un paisaje. En ese instante extraño en el que miras el mar y durante unos segundos desaparece todo ruido interior. En una música que te atraviesa. En la necesidad de cambiar de camino aunque racionalmente no sepas justificarla. En la sensación de reconocer un lugar al que nunca habías ido. En ver un amanecer.
También puede aparecer en el silencio.
Por eso, en este artículo, cuando hablo de sentir con la piel, no me voy a referir solamente a percibir energías o sensaciones corporales. Quiero hablar de aprender a detener el ruido suficiente como para que algo más profundo pueda ser escuchado.
En Camino Sagrado de la Diosa hay una invitación constante a dejar de analizar cada experiencia y permitirnos sentir. El recorrido no pretende que todas las personas vivan lo mismo, sino que cada una encuentre su propia manera de acercarse a su interior.
Y ahí, poco a poco, puede empezar a reconocerse el alma.
El alma no necesita que seas otra persona
Esta idea para mí es fundamental.
- No tienes que convertirte en alguien más espiritual.
- No tienes que parecerte a nadie.
- No necesitas vivir las experiencias de otra persona.
- No tienes que ver lo que otra persona ve ni sentir exactamente lo que ella siente.
De hecho, una de las bases del Camino Sagrado de la Diosa es precisamente lo contrario: vivir tu propia experiencia.
En el curso comparto mis meditaciones, mis símbolos, aquello que he sentido y aquello que forma parte de mi recorrido con Isis y María Magdalena. Pero también explico que mis vivencias no tienen por qué convertirse en las de quien hace el camino. Son una puerta, no una plantilla.
Porque llegar al alma no consiste en imitar.
Consiste en quitar capas.
- Las expectativas.
- Las máscaras.
- Las voces ajenas.
- La necesidad de encajar.
- El miedo a ser diferente.
Hasta que empieza a aparecer algo que siempre estuvo ahí.
Tú.
Somos un alma viviendo una experiencia humana
Si lo piensas, esta frase cambia mucho la manera de mirar la vida.
- Si sólo somos cuerpo, entonces el tiempo parece nuestro enemigo.
- Si sólo somos mente, podemos pasar la vida atrapados dentro de nuestros pensamientos.
- Si sólo somos nuestras emociones, cada herida puede parecer definitiva.
Pero cuando aparece la conciencia del alma, la perspectiva se ensancha.
- El cuerpo sigue siendo sagrado porque es el lugar donde vivimos esta experiencia.
- La mente sigue siendo necesaria.
- El corazón sigue siendo una brújula maravillosa.
Pero ninguno de ellos, por separado, contiene todo lo que somos.
Hay una parte de nosotros que observa el paso de los años y sigue sintiendo que, en algún lugar, somos los mismos.
Una parte que reconoce.
Una parte que recuerda.
Una parte que sabe.
Eso es lo que yo llamo alma.
Y no me interesa hablar del alma como una teoría bonita. Me interesa sentirla. Y deseo que tú la sientas.
Porque cuando el alma deja de ser una idea y empieza a convertirse en una experiencia, cambia nuestra relación con nosotros mismos.
Entonces ya no se trata tanto de preguntarnos quién deberíamos ser.
Empezamos a preguntarnos quiénes somos realmente.
Camino Sagrado de la Diosa es un camino hacia el alma
Hoy entiendo que ésta es una de las razones profundas por las que nació Camino Sagrado de la Diosa®.
Las cuevas, Isis, María Magdalena, el trabajo con el corazón, la naturaleza, las meditaciones, la danza, el silencio, los símbolos… todo eso son puertas.
Pero ninguna de ellas es el destino.
El destino eres tú.
Tu alma.
En el propio curso hay un momento en el que se invita a sentir los cambios sin analizarlos: sentir con el corazón, con la piel, con el alma. Y al final del recorrido vuelvo a la misma idea: elevarse más allá de la forma para alcanzar e integrar esa parte espiritual que también somos.
Quizá por eso cada vez siento con mayor claridad cuál es mi verdadera misión.
No es que las personas crean lo que yo creo.
No es que recorran exactamente mi camino.
No es siquiera que todas lleguen a sentir a Isis, a María Magdalena o a la Diosa de la misma manera que yo las he sentido.
Mi misión es tocar el alma de las personas.
A veces será a través de un libro.
A veces mediante una meditación.
A veces con una frase.
Con una imagen.
Con una clase.
Con un silencio.
No importa demasiado el vehículo.
Lo importante es que algo dentro de la persona se mueva.
Que durante un instante recuerde que es mucho más que sus problemas, sus pensamientos, sus miedos o la historia que se cuenta sobre sí misma.
Que pueda sentir: hay algo dentro de mí que sigue intacto.
Y entonces quizás comience la verdadera búsqueda.
Reconocer el alma que ya eres
No creo que tengamos que encontrar nuestra alma como quien busca algo perdido.
Quizá nunca se perdió.
Fuimos nosotros quienes dejamos de escucharla.
Camino Sagrado de la Diosa no pretende darte un alma, ni transformarte en alguien distinto. Pretende ayudarte a apartar el ruido suficiente para que puedas reconocer aquello que ya estaba ahí.
Tu esencia.
Tu verdad.
Tu propia forma de sentir lo sagrado.
Hay una frase en el curso que para mí resume perfectamente todo esto: se trata de llegar a integrar “el ALMA QUE ERES”.
Eso es lo que quiero transmitir ahora con mucha más claridad.
Somos un alma viviendo una experiencia humana.
Y si alguno de mis libros, mis meditaciones o este Camino consigue que una persona, aunque sólo sea durante unos instantes, llegue hasta esa parte de sí misma y la reconozca, entonces mi trabajo habrá tenido sentido.
Porque quizá no he venido a decirte quién eres.
Quizá he venido simplemente a recordarte que hay un lugar dentro de ti donde puedes descubrirlo.
Y mi misión es acompañarte hasta allí.
Hasta tu alma.
Si sientes que ha llegado el momento de recorrer tu propio camino hacia el alma
Camino Sagrado de la Diosa®: un recorrido para volver a ti
Con amor,
Pilar Zuheros
Gracias por leer y caminar conmigo
© Pilar Zuheros. Las imágenes y textos de este artículo están protegidos por derechos de autor. Si compartes, por favor, nombra a la autora. Gracias.
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